El bruxismo es un trastorno funcional que consiste en apretar o rechinar los dientes de forma involuntaria. Puede aparecer tanto en niños como en adultos y, aunque en algunos casos pasa desapercibido, en otros provoca desgaste dental, dolor mandibular y molestias musculares.No todos los bruxismos son iguales. Identificar el tipo de bruxismo es fundamental para establecer un diagnóstico correcto y elegir el tratamiento más adecuado en cada paciente.
¿Qué es el bruxismo y por qué es importante clasificarlo?
El bruxismo no se manifiesta siempre de la misma forma ni tiene un único origen. Puede producirse durante el día, durante la noche o combinar ambas situaciones. Además, los movimientos y la intensidad varían de un paciente a otro.
Clasificar el bruxismo permite:
- Comprender su causa principal.
- Evaluar el riesgo de desgaste dental y daño articular.
Adaptar el tratamiento a cada situación clínica.
Tipos de bruxismo según el momento en que aparece

Una de las clasificaciones más utilizadas se basa en cuándo se produce el hábito de apretar o rechinar los dientes.
Bruxismo diurno
El bruxismo diurno ocurre mientras la persona está despierta. Suele manifestarse como un apretamiento constante de los dientes, más que como un rechinar audible.
Características habituales del bruxismo diurno:
- Relación frecuente con el estrés y la tensión emocional.
- El paciente puede ser consciente del hábito.
- Aumento de la fatiga muscular en mandíbula y cuello.
- Dolor mandibular al final del día.
Este tipo de bruxismo suele mejorar al identificar y corregir el hábito, junto con medidas de control del estrés.
Bruxismo nocturno
El bruxismo nocturno se produce durante el sueño y suele pasar desapercibido para el propio paciente. En muchos casos se detecta porque otra persona escucha el rechinar de dientes o por los signos clínicos que aparecen con el tiempo.
Características frecuentes:
- Rechinamiento dental audible.
- Desgaste progresivo de los dientes.
- Dolor mandibular o de cabeza al despertar.
- Relación con trastornos del sueño.
Al tratarse de un acto inconsciente, requiere un enfoque terapéutico específico.
Tipos de bruxismo según el movimiento dental
Otra forma de clasificar el bruxismo es según cómo se mueven los dientes durante el episodio.
Bruxismo de apretamiento
En el bruxismo de apretamiento, los dientes se presionan con fuerza sin realizar movimientos de deslizamiento.
Consecuencias habituales:
- Sobrecarga muscular.
- Dolor en la articulación temporomandibular.
- Sensación de rigidez en la mandíbula.
Puede pasar desapercibido durante mucho tiempo, ya que no siempre produce ruido ni desgaste visible inmediato.
Bruxismo de rechinamiento
El bruxismo de rechinamiento implica un movimiento lateral de los dientes, generando fricción entre las superficies dentales.
Es el tipo que más fácilmente produce:
- Desgaste dental visible.
- Fracturas o fisuras en los dientes.
- Sensibilidad dental.
Suele asociarse al bruxismo nocturno, aunque también puede aparecer durante el día.
Tipos de bruxismo según su causa
Desde el punto de vista clínico, también se distingue el bruxismo según su origen principal.
Bruxismo primario
El bruxismo primario no se asocia a una enfermedad concreta. Se relaciona principalmente con:
- Estrés emocional.
- Ansiedad.
- Factores psicológicos.
Es el tipo más frecuente en adultos.
Bruxismo secundario
El bruxismo secundario aparece asociado a otros factores, como:
- Trastornos neurológicos.
- Alteraciones del sueño.
- Efectos secundarios de ciertos medicamentos.
En estos casos, el abordaje debe tener en cuenta la causa subyacente.
¿Todos los tipos de bruxismo requieren tratamiento?
No todos los bruxismos tienen la misma repercusión clínica. El tratamiento se indica cuando el bruxismo provoca:
- Desgaste dental significativo.
- Dolor mandibular o muscular.
- Problemas en la articulación temporomandibular.
- Cefaleas frecuentes.
La decisión terapéutica debe basarse siempre en una valoración profesional individualizada.
Importancia del diagnóstico profesional del bruxismo
Identificar correctamente el tipo de bruxismo permite actuar de forma preventiva y evitar complicaciones a largo plazo. El diagnóstico se basa en:
- Exploración clínica.
- Análisis del desgaste dental.
- Evaluación de la musculatura y la articulación mandibular.
- Historia clínica del paciente.
Un diagnóstico precoz facilita tratamientos más conservadores y reduce riesgos futuros.